Hagi

GICA HAGI, El maradona de los cárpatos

Temporada 2016-2017 el Viitorul (futuro en Rumano) Constanza se proclama campeón de la liga Rumana por primera vez en su historia y después de su fundación en el año 2009; Quizás podéis pensar que este dato no tiene que ver con el protagonista de este articulo, pero nada mas lejos de la realidad; Gica Hagi ¨El Maradona de los Carpatos¨ fundó  este club, del que es presidente y creador del modelo de la llamada Masía Rumana, formada por jóvenes jugadores Rumanos que en sus años de formación entrenan 2 veces al día sesiones de 3 horas.

Pero en lo que de verdad vamos a centrarnos es en el mejor jugador Rumano de todos los tiempos, toda una leyenda del fútbol Europeo y mundial de los años 80 y 90, y que colgó las botas en el Galatasaray Turco en el año 2001.

En contra de lo que muchos pueden pensar, Gica, no jugó en el famoso Steaua de Bucarest campeón de Europa en el año 1986, pero, eso si, el Steaua pidió la cesión a su equipo por un partido para jugar la Supercopa de Europa, en la que marcó el gol de la victoria, hecho que produjo que el Steaua, con el beneplácito del dictador Ceaucescu, no lo devolviera a su equipo de origen (Sportul Studentesc).

Con un carácter reservado e introvertido, Hagi sólo rindió en aquellos lugares donde se sintió querido; pocos jugadores en la historia pueden decir que hayan jugado en el Real Madrid y en el Barcelona, pero él si lo ha hecho, no triunfando tampoco en ninguno de ellos, ganando solamente 2 supercopas de España, una con cada equipo.

Al Real Madrid llegó después de 4 temporadas espectaculares en el Steaua, convirtiéndose en el traspaso mas caro de la historia en la liga Rumana (4,3 millones de $ que aun a día de hoy sigue siendo el importe mas alto pagado por un jugador de la liga del país de los Carpatos). A destacar el gol que convirtió desde el centro del campo a Osasuna, del que Gica dijo lo siguiente: ¨El domingo estaba encantado,pero ahora que he visto el gol por televisión mas, es una maravilla.  Todo jugador piensa en marcar uno así en su carrera, pero muy pocos lo logran; yo soy uno de ellos. Cuando empiezo no paro¨.

El caso de su llegada a Barcelona, es todavía mas curioso. Venia de jugar en la serie B Italiana, en el modesto Brescia, pero tuvo una actuación memorable en la copa del mundo USA´94 en la que, junto con otros talentos Rumanos como Petrescu, Belodedici, Popescu, Dumitrescu y Raducioiu, llevó a su selección a jugar los cuartos de final y caer ante Suecia en penaltis. El Barcelona de Johan Cruyff, que recientemente había perdido a Michael Laudrup en detrimento de su máximo rival, se fijó en él y lo contrató. Una responsabilidad y presión demasiado grande para el bueno de Gica, que nunca terminó de sentirse valorado y a gusto en la ciudad Condal.

Después del Barça llegó su momento de gloria; el fichaje por el Galatasaray turco, donde el por entonces entrenador Fatih Terim, dijo que , si hacia falta poner dinero de su bolsillo para ficharlo, lo pondría.

En Turquía llegaron sus mejores años, en los que ganó 4 ligas turcas y la copa de la UEFA del año 2000 a todo un Arsenal. Lo mejor vino después, cuando, en agosto el Galatasaray derrotó a todo un Real Madrid en la supercopa de Europa, con actuación estelar de Hagi.Hagi Rumanía

En la selección siempre ha rendido a gran nivel; jugo los mundiales del 90,94 y 98, en los que Rumanía siempre pasó la primera fase; también jugo las Eurocopas del 84, 96 y 2000, después de su vuelta a una selección de la que se había retirado después del mundial de Francia.

En 1999 Rumanía es favorita para clasificarse para la Eurocopa de 2000 en Holanda y Bélgica en un grupo en el que destacan Portugal, Eslovaquia y Hungría. Azerbayán y Liechtenstein son los comparsas. En el sexto partido de la liguilla Rumanía se enfrenta en casa a los odiados vecinos húngaros. Sólo le vale ganar para seguir la estela del líder Portugal y continuar con opciones de liderar el grupo. Con el valencianista Adrian Ilie, el centrocampista zurdo del Espanyol Galca y clásicos como Dan Petrescu o Munteanu, Rumanía es netamente superior a una Hungría sin grandes nombres. Pero hay motivos para el complejo. Rumanía nunca ha ganado a Hungría. Los rumanos son desde siempre el hermano pobre del sureste. Cuando los húngaros que el reparto de la Gran Guerra dejó en suelo rumano van a Budapest aún les preguntan si tienen tele y lavadora. En el partido de ida, disputado en Budapest en un ambiente muy hostil, Rumanía no pudo pasar del empate a uno. Como siempre que un equipo rumano pisa un campo magiar, les llamaron gitanos, sucios y ladrones, y exigieron las tierras de Transilvania que perdieron en el 18. Rumanía estaba obligada a ganar a Hungría en Bucarest. Para clasificarse, para ilusionar a un país al borde del colapso económico, decepcionado por el fiasco del primer proyecto político decididamente reformista y liberal. ¿Qué mejor momento para ajustar sobre el verde las cuentas de siglos de desencuentros y pleitos territoriales con los húngaros?

A unas semanas del partido Hagi vino de Istanbul a Bucarest y participó en el programa de televisión del célebre Adrian Paunescu. Poeta, trovador del nacional-comunismo de Ceausescu y agitador cultural durante los años del régimen, Paunescu fue uno de los pocos entusiastas que no había corrido tras la revolución a comprarse un traje de demócrata. Mantuvo su lealtad sentimental a aquella época y a su estilo, y siguió profesando un patriotismo épico de barba y camisa abierta que hubiera casado bien con el franquismo. O con el antifranquismo. Paunescu era un hombre del pasado y hacía una televisión que se moría: la del genio personal y las tertulias torrenciales de coñac y humo. Aquella noche de primavera Hagi estaba de invitado en el plató para hablar del equipo nacional con la turba de comentaristas impetuosos de Paunescu. El presentador estaba convencido: Rumanía necesitaba la vuelta de su mejor general para la batalla decisiva con Hungría. Y estaba dispuesto a conseguirla por todos los medios. Se lo pidió de palabra, y como Gica dijo no, Paunescu y sus tribunos desplegaron su arsenal. Tenían toda la noche, el programa no se acabaría hasta que no lo convencieran. El hijo del poeta le cantó en directo en el plató: “Ahora la [bandera] tricolor te pide que vengas / en el nombre de la madre y del padre”. Otro de los invitados, el hombre de fútbol Traian Tomescu, se lo pidió como un padre: “Vamos Gica, hijo, piénsalo”. El sentimentalismo se desbordaba. Paunescu compuso en el momento una oda al jugador, y leyó decenas de mensajes del público que imploraban su regreso. Temblando de emoción y con lágrimas en los ojos, Hagi cedió: “Esperad un momento, que Piturca [el seleccionador] ni siquiera me ha convocado”. Aquello ya estaba. Piturca entró por teléfono: te esperamos, te necesitamos. Se habían hecho las tres de la mañana. Un centenar de personas se había reunido en el exterior del estudio para celebrar su vuelta. Paunescu se abrazó triunfal a Gica, que bajaba la cabeza sobrepasado por la emoción. Le besó en las mejillas. “¿Pero quién eres tú para que te ruegue algo todo un país?”, dijo que pensó entonces. Uno de los productores del programa explicó tiempo después que todo había sido planeado por Paunescu. “Hagi es un tipo cabezota, pero dispuesto a escuchar elogios. No le dijimos de qué hablaríamos en el programa, y Paunescu lo pensó todo para ponerle en una situación embarazosa”.

Y así llegó la noche del cinco de junio. El estadio de Ghencea, donde juega el Steaua, esperaba a Hungría lleno hasta la bandera. Más de 25.000 personas animaron al equipo nacional rumano desde dos horas antes del partido. Rumanía salió crecida al césped. La suerte sonrió a los amarillos dos minutos después de que se acabaran los himnos. Adrian Ilie tiró raso y flojo una falta al palo largo, desde el borde del área. Nadie en el área magiar acertó a desviar el balón, que entró mansamente junto al palo izquierdo de la portería de Király. Ghencea latía y hacía la ola, todo se había puesto de cara, y Hagi comezó el recital para el que le habían llamado. Escorado en la banda derecha desde tres cuartos de campo regaló a Adrian Ilie un pase en profundidad imposible que a punto estuvo de valer el dos a cero. Dorinel Munteanu mató el partido en el minuto 18, tras una incursión eléctrica de Ilie por la derecha. Con el brazalete de capitán y coreado por el público, Gica bajaba constantemente a buscar el balón a los costados, y sorteaba camisetas rojas hasta que un húngaro impotente le derribaba. En 45 minutos se inventó para sus compañeros tres pases clarísimos de gol y desquició a los jugadores magiares. Al borde del descanso, cogió el balón en su propio campo y superó con dos cambios de ritmo a tres adversarios. Cuando se acercaba al área de Király fue derribado por un defensa, que le cayó encima y le lesionó en el hombro. El capitán salió en camilla como un héroe. No pudo saltar al campo en la segunda parte, pero todo estaba ya hecho. El marcador no volvería a moverse, en aquella noche de éxtasis al oeste de Bucarest. Al final del partido, los jugadores rumanos sacaron a Hagi a hombros al terreno de juego. Con el hombro vendado y una sonrisa de oreja a oreja, fue aclamado por todo el estadio mientras le paseaban por el césped.

Hagi Rumanía

Palmarés Hagi:

Hagi colgaría las botas en 2001 con la friolera de 125 partidos con su selección anotando 35 goles (máximo goleador histórico),3 ligas rumanas, 4 superligas turcas, 2 copas de Rumania, 2 copas Turcas, 2 supercopas Españolas, 1 copa de la UEFA y 2 supercopas de Europa, asi como un segundo puesto en el trofeo bravo de 1989. A todo este espectacular palmarés y tantas alegrías que ha dado a sus compatriotas, sólo hay que decir algo en su contra: ha puesto el listón demasiado alto para el que quiera ser el próximo ídolo del país del mar negro.

Cu bine Maradona de los Cárpatos.

 

 

Fdo:

Etrusco 

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