Hungría 1954

Hungría Aranycsapat (El equipo de oro)

En 1948, Gusztáv Sebes se hizo cargo de la selección húngara de fútbol. Pero no lo hizo solo, si no  junto con Béla Mandik y Gábor Kompóti-Kléber.  Eran tiempos convulsos en Hungría, en 1949 se instauraba definitivamente el comunismo y muchos jugadores escaparon del país. Si salían del país serían considerados traidores a la patria y no podrían jugar con la selección y serían denunciados. Así mientras Kubala huía del país, Gusztáv Sebes se hacía con el cargo de seleccionador único con el título de viceministro de deportes.

El 10 de abril de 1949 una dolorosa derrota en Checoslovaquia por 5-2 en la International Cup, hizo que Gusztáv remodelase la selección por completo. Decidió prescindir de varias estrellas y empezó a contar con jóvenes como Ferenc Puskas, Sándor Kocsis o Zoltán Czibor. A partir de ahí empezó a brillar la selección que llegó a los Juegos Olimpicos de Helsinki (1952) invicta desde la derrota en Checoslovaquia.

Durante los juegos olímpicos se ganaron el apodo de “Magiares mágicos” pues fueron aplastando literalmente a todos los rivales que se le pusieron por delante. En primera ronda vencieron 3-0 a la poderosa Italia. Más tarde en cuartos de final vapulearon a Turquia con un 7-1 que hizo la delicia de los aficionados que se encontraban presentes. Y semifinales se encontraron con Suecia que venía de ser 3ª en el mundial de Brasil. Se suponía que iba a ser un partido igualado pero los magiares vencieron 6-0. En la final la potente Yugoslavia que venía de eliminar a Alemania tuvo que hincar la rodilla. Los goles de Puskas y Czibor daban el primer oro olímpico a la selección de fútbol húngara.

Pero lo que sorprendía de verdad era su fútbol, Sebes formó un equipo técnico con Gyula Mándi, Márton Bukovi y el gran Béla Guttmann (ganador de 2 copas de Europa con el Benfica). Ellos modificaron la manera de ver el fútbol, fueron pioneros en la variación del sistema WM. Pasaron a jugar en un sistema flexible de 2-3-3-2 (que sería la base del posterior 4-2-4) donde en palabras de Puskas “Cuando atacábamos, todos atacaban, y defensivamente hacíamos lo mismo. Éramos el prototipo del ‘fútbol total”. Con una base de jóvenes jugadores del Honved y el MTK Hungaria, entre los que destacaban Puskas, Czibor, Kocsis, Hidegkuti o Bozsik, Hungría maravillaba al mundo con su estilo de juego.

Los magiares mágicos seguirían su senda triunfal en 1953. El 17 de mayo se proclamarían campeones de la International Cup que había comenzado en 1948. Un 0-3 en territorio italiano, con doblete de “cañoncito Pum” (Puskas) hacía que Hungría levantase otro título tras su victoria en los juegos olímpicos.

El 25 de noviembre del mismo año, Hungría, visitaba Wembley. No era un amistoso cualquiera, se enfrentaban a la todopoderosa Inglaterra que nunca había sido vencida en casa por una selección no británica.

A pesar de que Hungía llevaba 24 partidos sin perder, Inglaterra era muy favorita. Los que presenciaron el partido en directo hablan del mejor partido de la historia. El Equipo de oro (en húngaro:  Aranycsapat) destrozó a Inglaterra con su rapidez y movilidad. El resultado ya escandaloso de por sí, no refleja la superioridad húngara. En las palabras dedicadas por la FIFA a Sebes (En el Hall of Fame) podemos imaginarnos la grandeza del partido:

“Si los argumentos políticos de Sebes desembocaron en su conclusión lógica, también se podría decir que la victoria de 1953 al amparo de las Torres Gemelas de Wembley fue algo parecido a la revolución en una fría tarde de invierno. Inglaterra fue devastada de tal manera que el marcador de 6-3 no reflejó con justicia el abrumador dominio húngaro, y tanto la táctica como la técnica de los visitantes dejaron a los anfitriones impotentes y a sus seguidores en las gradas paralizados por la perplejidad. Los húngaros registraron 35 disparos a puerta contra cinco de Inglaterra, y su gol definitivo, una volea de Hidegkuti, culminó una jugada trenzada compuesta por diez combinaciones concatenadas”.

Hungría Inglaterra 1953

 

Todos los presentes ese día se rindieron a la magia magiar. Wembley despidió a la selección húngara con una tremenda ovación y Sir Bobby Robson reconoció más tarde lo que había sufrido:

” Vimos un sistema de juego, un estilo de juego que no había sido visto antes. Ninguno de esos jugadores significaba nada para nosotros, no conocíamos nada acerca de Puskas. Todos esos fantásticos jugadores eran hombres provenientes de marte para nosotros. Ellos vinieron a Inglaterra, donde nunca los ingleses fueron derrotados, debía haber sido un 3-0, 4-0 puede que un 5-0 a la selección de un pequeño país que estaba empezando en el fútbol europeo. Ellos llamaban a Puskas “El comandante galopador” porque estaba en el ejército. ¿Cómo podía ese chico que estaba haciendo el servicio militar en el ejército húngaro venir a Wembley y derrotarnos? Pero la forma como jugó, su brillante técnica y su pericia. Nuestra WM fue destruida en 90 minutos de juego. El partido tuvo un profundo efecto, no solo en mí, si no en todos nosotros. Solo con este partido cambio nuestra forma de pensar. Pensábamos que íbamos a arrollarlos, Inglaterra en Wembley, nosotros los maestros y ellos los alumnos, fue justo al contrario.”

Hidegkuti fue el absoluto protagonista del partido. Sería el primer “falso 9” de la historia. Los ingleses acostumbrados a marcar al hombre ser centraron en él pensando que al jugar con el 9 sería el delantero de referencia y dejaron solos a Puskas y Kocsis por jugar con el 10 y el 8 respectivamente. En el primer minuto Hidegkuti ya había perforado la portería inglesa y lo haría otras dos veces más para convertir un precioso hack trick.

Los ingleses dolidos en el orgullo solicitaron revancha. Hungría acepto el partido que serviría como preparación para el Mundial de Suiza. Ambas selecciones se enfrentaron en el Nepstadion (Budapest) ante 92.000 espectadores. Lejos de mejorar su imagen, los ingleses cayeron derrotados por un contundente 7-1 que dejaba claro quién era el combinado favorito en la cita mundialista.

Los magiares estaban preparados para conquistar el cetro mundial. Y así lo demostraron en la primera fase goleando por 9-0 a Corea del Sur y a Alemania federal 8-3. Dos goleadas que demostraban su enorme potencial pero que dejaban la peor de las noticias. Ferenc Puskas se lesionaba ante el combinado germano y no volvería a jugar hasta la final. La estrella de la selección llegaba en su mejor momento y esta lesión era un duro golpe.

En cuartos de final se enfrentaban a Brasil, que estaba deseosa de ganar el Mundial para olvidar el Maracanazo de 1950. Pero a pesar de la baja de Puskas y del potencial brasileño, el combinado dirigido por Sebes se impuso por 4-2. No obstante este partido se recuerda como la batalla de Berna. Ambos equipos se emplearon con dureza durante todo el partido, pero una tangana donde Brandaozinho golpeó en la cara a Hidegkuti iba a ser el comienzo de la batalla.

A pesar de que la policía consiguió poner orden, el partido continuo con la violencia y antes del descanso ya habían lesionado a Czibor y Tóth. El árbitro no conseguia controlar el partido y tras numerosas faltas, Boszik y Nilton se enzarzan en una guerra de puñetazos. Tras la tangana producida, ambos son expulsados. También sería expulsado Humberto tras una entrada a Lorant. 3 expulsados (2 Brasil, 1 Hungría) sería suficiente argumento para considerar el partido como batalla ya que en esa época era difícil ver tantas expulsiones.

Pero la verdadera batalla se produjo al terminar el partido. Puskas que había estado en el banquillo, fue a burlarse del seleccionador brasileño Zezé Moreira. Este junto con Pinheiro agredieron a la estrella húngara. Fue entonces cuando alguien rompió una botella en la cabeza de Pinheiro y se desató una brutal pelea que se trasladó a los vestuarios. La megafonía llamó a todos los policías del estadio para detener el bochornoso combate que se estaba produciendo.

A pesar de esto, Hungría estaba en semifinales y se enfrentaban al actual campeón del mundo, Uruguay. La selección celeste no había perdido nunca en la historia de los mundiales. Las 2 selecciones llegaban sin su principal estrella en el terreno de juego. Por los húngaros la ya conocida baja de Puskas y por parte de los uruguayos Obdulio Varela.

Hungría salió con todo y pronto se puso por delante en el marcador con un gol del extremo Czibor. Y se colocarían con 2 tantos de ventaja mediada la segunda parte, pero Uruguay no se iba a rendir. Encerró a Hungría en su área y consiguió empatar a falta de 4 minutos con un doblete de Hohberg. Uruguay tiraba de corazón mientras Hungría no conseguía despertar.

En el último minuto “Pepe” Schiaffino se iba del portero y disparaba a puerta vacía, pero por ese entonces el campo ya estaba casi impracticable y un charco detuvo el lanzamiento ante la portería. Esa jugada pudo cambiar la historia, pero Hungría seguía viva y en la prórroga Kocsis decidió. Hungría, volvería a jugar una final de mundial tras la de 1938.

Hungría 1954

El equipo de oro conseguía vencer el partido de las 2 mejores selecciones del momento, había sido la final anticipada y es recordado como el partido del siglo. Pero todavía no habían ganado, quedaba la final de Berna.

Hungría llegaba como favorita clara, Alemania a pesar de haber goleado por 6-1 a Austria en semifinales había perdido con Hungría 8-3 en la primera fase. Es cierto que los alemanes habían reservado a 5 jugadores en ese partido (1 el portero) pero la superioridad húngara era evidente.

Además Puskas quería jugar la final y fue infiltrado de su maltrecho tobillo. Hungría estaba esperanzada con alzarse con su primer mundial y el partido no pudo comenzar mejor. Puskas abría la lata en el minuto 6 y Czibor ampliaba la cuenta en el 8. Todo parecía encaminado pero los alemanes nunca se rinden. Pronto conseguiría empatar Alemania con los tantos de Morlock y Rahn. Este segundo tanto vino con polémica ya que existe una carga sobre el portero.

Pero los Magiares no se centraron en protestar si no se lanzaron al ataque de forma desesperada. Las ocasiones se sucedían para los húngaros, 3 palos y varios mano a mano fallados por el equipo de Sebes era perdonar demasiado para ganar una final.

El tiempo jugaba a favor de Alemania, ya que eran más físicos y Hungría venia de un durísimo partido con prórroga incluida ante Uruguay. Además el campo cada vez estaba más pesado y los jugadores húngaros se resbalaban continuamente. En cambio los jugadores alemanes tenían unas botas especiales diseñadas por  Adolf “Adi” Dassler, fundador de Adidas.

Los alemenes aguantaban estoicamente los ataques de Puskas y compañía con un gran Toni Tureck. El cancerbero alemán se estaba convirtiendo en el héroe inesperado de la final con sus paradas. A falta de 6 minutos para la conclusión Helmut Rahn lanzaba un duro disparo con la pierna izquierda que se colaba en la portería defendida por Grosics. El equipo de oro no se iba a rendir y a pesar de que las fuerzas eran escasas avasallaron la portería germana.

En el último suspiro Puskas lograba empatar el partido, pero cuando la alegría desbordaba en la afición húngara el colegiado galés Benjamin Griffiths decretaba incomprensiblemente posición adelantada de la estrella magiar. No había tiempo para más. Alemania Federal era campeona del mundo y El Equipo de oro (Aranycsapat) se quedaba sin el ansiado título.

Puskas fuera de juego
Fuera de juego Puskas Final 1954

Los alemanes obraban el milagro, con un esfuerzo sobrenatural y la actuación estelar de Tureck y Rahn, autor de dos goles, conseguían su primer mundial. Comenzaba aquí la leyenda germana.

 

Por su parte los magiares lloraron su única derrota en 6 años, ya que después siguieron acumulando éxitos, como ser el primer equipo que venció a la URSS en la propia Unión Soviética. 50 partidos, 42 victorias, 7 empates y la mayor derrota de su historia, soló comparada por su magnitud, con el Maracanazo.

Decadencia de Hungría:

1956 fue el principio del fin para este glorioso equipo. Las condiciones políticas empeoraron con la revolución húngara y aprovechando la estancia del Honved en Bilbao Czibor y Kocsis no regresarían a su país. Puskas por su parte, fue tildado como traidor por intentar fichar por el Milán y no pudo regresar a su país hasta 1981. Hungría perdía a sus 3 mayores estrellas. El equipo de oro había muerto como tal. A pesar de que Hungría siguió siendo competitiva durante un tiempo (oro olímpico en 1964 y 1968 y bronce en 1960) el juego magiar nunca volvió a ser el mismo.

La selección hizo disfrutar al mundo entero con su fútbol y que pudo ser mucho más potente de poder contar con: Kubala, Gyorgy Marik, Bela Sarosi e István Nyersque. Todos ellos exiliados políticos antes de 1950.

Una de las mejores selecciones de la historia que nunca ocupará portadas por culpa de la política y del milagro de Berna.

FDO: Questra

One thought on “Hungría Aranycsapat (El equipo de oro)”

Deja un comentario