Franz Beckenbauer "El Kaiser"

Franz Beckenbauer, el eterno Kaiser

12 de Julio de 1966, Estadio Hillsborough (Sheffield) primer partido del grupo B del Mundial de 1966. Alemania Federal se enfrenta a Suiza y vence con un contundente 5-0. Podemos pensar que es un partido sin historia pero es el debut en los mundiales de un jovencísimo jugador, desconocido hasta entonces, Franz Beckenbauer.

En ese partido, el joven Franz anota 2 goles jugando de centrocampista y asombra a los presentes por la elegancia de su juego. Poco se sabía de Beckenbauer hasta entonces, el joven germano había debutado 2 años antes en el Bayern de Múnich, en la segunda división alemana.

En ese mundial Alemania es finalista por segunda vez en su historia y cae derrotada frente a Inglaterra en Wembley, con el polémico gol fantasma de Hurst donde el balón no traspasa la línea. A pesar de que Beckenbauer era el motor de la selección, su entrenador Helmut Schoen le obligó a realizar un férreo marcaje sobre Bobby Charlton. Esto fue para muchos el error que permitió a la selección inglesa alzarse con su única copa Jules Rimet (Copa del Mundo).

No obstante Franz fue elegido mejor jugador joven del mundial y formaría parte del mejor equipo del torneo. Además con 4 tantos es el tercer máximo realizador de la Copa del Mundo por detrás de Eusebio (9) y de su compañero Helmut Haller.

Franz Beckenbauer

Tras su brillante Copa del Mundo, consigue el primer título internacional para el Bayern de Munich, la Recopa de 1967. Tras esos años se le comienza a llamar “El Kaiser” aunque existen 2 versiones de como surge el apodo. La que cuenta el propio Beckenbauer, relata que en un viaje a Austria, posó para unas fotos al lado del busto del emperador austriaco. Por lo que se le empezó a conocer como “el Kaiser del Futbol” (el Emperador del Futbol).

La segunda versión, relatada por un diario alemán vino tras una falta de Beckenbauer sobre Reinhard Libuda (apodado el “Rey de Westfalia” y “El garrincha blanco”) en la final de copa de 1969 y fue buscando rivalidad con su compañero de selección.

Volvería a disputar la Copa del Mundo en 1970 celebrada en México. Por este entonces “El Kaiser” había retrasado su posición hasta la defensa. Pero no era un defensa cualquiera, creó la posición de libero. Un central sin marca que se dedicaba en ataque a organizar el juego ofensivo y a realizar las coberturas necesarias en defensa.

La selección Alemana consiguió clasificarse para semifinales por segundo mundial consecutivo. Allí contra Italia se vivió el llamado partido del siglo. Los italianos vencieron 4-3 en la prórroga, a la que se había llegado con el 1-1 en el marcador. Pero la imagen del partido le atañe a nuestro protagonista. En una de sus espectaculares arrancadas, “El Kaiser” fue derribado violentamente por Facchetti al borde del área. Beckenbauer se rompía la clavícula en la caída y todo hacía pensar que Alemania tendría que jugar con un hombre menos, ya que había agotado los cambios. Pero nada más lejos de la realidad “El Kaiser” volvía al campo con una voluminosa venda y la mano pegada al pecho. Alemania fue derrotada y Beckenbauer abandonaba el estadio desolado camino del hospital cuando recibió las palabras de su entrenador “has logrado lo que ningún jugador ha conseguido, ve con orgullo”.

Admirado por el mundo por su tesón, el que le permitió jugar 15 meses en un año (frase de su propia cosecha), no iba a darse por vencido. Quería ganar un título con la « Mannschaft» y no iba a cejar en su empeño. Así en 1972 conquistarían la Copa Europea de Naciones (actual Eurocopa) tras vencer a la URSS por 3 goles a 0. Pero el verdadero reto de Beckenbauer era el mundial de 1974.

Ese mismo año el Bayern de Múnich conseguía llegar por primera vez en su historia a la final de la Copa de Europa. Se enfrentaba en el estadio de Heysel (Bruselas) al Atlético de Madrid. Fue un partido duro y trabado donde se llegó al final del partido con el 0-0. En la prórroga, Luis Aragonés conseguía adelantar al equipo madrileño con un potente lanzamiento de falta directa. Pero cuando todo parecía indicar que los colchoneros se llevarían el título, “Katsche” Schwarzenbeck realizó un disparo desde casi 30 metros que se coló a la derecha de Reina. Forzaba así el partido de desempate en el último minuto (no había penaltis). En el “Replay” jugado dos días más tarde en el mismo escenario, el conjunto bávaro capitaneado por “El Kaiser” no dio opción al Atlético de Madrid y levantaban su primera “orejona”.

Gracias a la base de este equipo, Alemania partía como una de las favoritas a llevarse el Mundial. Pero un problema con las primas y 4 semanas encerrados en un cuartel de Malente, llevaron el juego de la selección a perder su identidad. Es más, los pitos de la afición en la victoria ante Australia predecían la debacle ante Alemania Democrática (Oriental). Esta derrota hizo reflexionar a los alemanes:

“En el autobús reinaba el más absoluto silencio. Teníamos mala conciencia. Lo sentíamos muchísimo por el entrenador Schön, que era originario de Dresde. En los encuentros amistosos, él saludaba a todos dándoles un abrazo. Para nosotros no era ningún superior, era un amigo paternal. Después de este fracaso, Schön quería irse a casa, como siempre cuando pasaba algo así. Luego, los jugadores nos pusimos a beber cerveza y a fumar cigarrillos y estuvimos hablando claro hasta altas horas de la madrugada. Eso nos ayudó.”

En la segunda fase, Alemania se reencontró a sí misma y consiguió pasar a la final tras vencer todos los partidos del grupo (Polonia, Suecia y Yugoslavia). Tras todos los problemas estaban en la final de La Copa del Mundo que se celebraba en su país. Allí esperaba la naranja mecánica liderada por Johan Cruyff. Era la final soñada, las 2 superestrellas mundiales frente a frente. Holanda partía ligeramente como favorita, su fútbol levantaba admiración por donde pasaba y lo confirmo en el saque de centro. Tras multitud de pases y cambios de posición, Cruyff forzaba un penalti que iba a adelantar a la selección oranje.

Alemania liderada por “El Kaiser” no se iba a dar por vencida y ya antes del descanso se pondría por delante con goles de Breitner y Muller. En la segunda parte los germanos contienen a los oranjes con un gran Sepp Maier y el marcador ya no se moverá.

Con el pitido final los alemanes estallan de alegría: Los jugadores gritan, se lanzan al suelo, abrazan al equipo técnico y lloran, pero por alguna razón, Franz Beckenbauer camina solo por el césped del Estadio Olímpico de su natal Múnich. ¿Por qué?

“No lo sé explicar. En ese momento me acordé de un sueño”.

Franz hacía así realidad su sueño. El mismo que se le había escapado antes frente a  Inglaterra y frente a Italia (semifinales). Era el segundo cetro mundial para la Mannschaft después del conseguido en 1954 ante los magiares mágicos.

Franz Beckenbauer "El Kaiser"

Pero no sólo engrandeció a la selección. El gran Bayern de Múnich que conocemos ahora, es en gran medida gracias al “Kaiser”. Cuando llegó al Bayern, el equipo muniqués estaba en segunda división y solo disponía de 2 títulos en sus vitrinas. Cuando se fue al Cosmos en 1977 había ganado 13 títulos, incluidas 3 copas de Europa ganadas de manera consecutiva.

En el conjunto americano pudo compartir vestuario con otras grandes estrellas como Pelé, Carlos Alberto o Giorgio Chinaglia. Beckenbauer destacó entre todos ellos, siendo nombrado mejor jugador de la liga. Tras conseguir 3 títulos de liga volvería al fútbol alemán para retirarse en el Hamburgo. Y como no podía ser de otra manera, se retiró con un nuevo título de liga, en el cuál a sus 36 años de edad, ya tuvo menos protagonismo.

Era el punto y final del mejor jugador alemán de la historia y Nietze, ex-jugador del Real Madrid, definió como nadie, el sentir del pueblo alemán:

“Es el héroe de nuestra nación, es el héroe de Alemania. Y esto no sucedió por suerte, él se lo ganó con trabajo duro.”

Fdo: Questra

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