El Maracanazo

EL MARACANAZO: BRASIL – URUGUAY

Las calles de Rio de Janeiro son un carnaval. Los vendedores ambulantes hacen el agosto vendiendo todo tipo de objetos con la leyenda “Brasil campeona del mundo”. Los periódicos adelantan sus rotativas informando de que la escuadra carioca consigue su primer título mundial. Y 200.000 personas abarrotan el estadio Jornalista Mário Filho, más conocido popularmente como Maracana, para llevar en volandas a sus héroes hacia la gloria.

Faltan escasos minutos para que dé comienzo el encuentro y en el vestuario visitante se derrocha victimismo. Como asustados por el ambiente, el estruendo, el jolgorio, que jamás se había visto en un recinto deportivo. En todos menos en uno. Obdulio Varela. El Negro Jefe.

“No piensen en toda esa gente, no miren para arriba, el partido se juega abajo y si ganamos no va a pasar nada, nunca pasó nada. Los de afuera son de palo y en el campo seremos once para once. El partido se gana con los huevos en la punta de los botines”.

Comienza la segunda parte. Minuto dos. Gol de Friaca. Maracana estalla de júbilo. De repente ese estruendo se torna en silencio. Nadie entiende que pasa. El Negro se niega a seguir jugando. Protesta un fuera de juego inexistente. Enfría el ardor brasileño. “Muchachos ya los he calmado, ahora ganémosle el partido”.

Turno para Ghiggia. Extremo. Gambetero. Pide el balón una vez tras otra. Le gana en todas a su marcador, Bigode. Minuto 66. Le rompe la cintura al lateral, la pone atrás para Schiaffino y gol de Uruguay. Empate a un gol. Se empieza a sentir un run run. Las 200.000 personas que abarrotan el Mário Filho siguen celebrando. El empate les vale. Siguen siendo campeones del mundo.

Minuto 79. El pequeño Alcides vuelve a retar a Bigode. Se repite la jugada del gol de Schiaffino. EL meta Barbosa espera el pase atrás y le deja un hueco por el palo corto. Ghiggia lo observa, chuta y la manda a la red. Gol de Uruguay. 200.000 mil personas se pellizcan como si fuese un mal sueño. El silencio es sepulcral. Tan solo se escucha algún llanto. “Tan sólo tres persona hemos silenciado Maracana con un solo gesto: el Papa, Frank Sinatra y yo” declararía años más tarde el habilidoso extremo de Peñarol.

10 minutos de acoso estéril carioca. El colegiado señala el final. Se acaba de cumplir la mayor sorpresa de la historia del deporte. El carnaval se torna en luto. 200.00 cadáveres vivientes abandonan entre lloros e incredulidad el estadio. Once valientes charrúas liderados por un capitán carismático hicieron llorar a un país entero. Once valientes charrúas se convirtieron en leyenda. Once valientes charrúas pueden presumir de ser uno de los integrantes que realizaron EL MARACANAZO.

Fdo: Tango

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