magico gonzalez

MÁGICO GONZÁLEZ, EL GENIO DE LA TACITA

En el fútbol de hoy en día la prensa, los aficionados, utilizamos con demasiada facilidad el término “genio”, pero en el caso de Jorge González no se puede utilizar otro adjetivo. Era un artista del balón con un abanico de recursos ilimitado. Un talento que no jugaba por la fama, el éxito o el dinero. Simplemente jugaba por placer. Un genio bohemio que pudo ser el más grande pero no quiso.

La carrera internacional de Mágico despego después del mundial de España, donde a pesar de que El Salvador hizo un papel más que discreto, Jorge dejo destellos de su calidad, lo que llamo la atención de muchos clubes europeos. El Paris Saint Germain lo tenía hecho pero el día de rubricar la firma Jorge no apareció. Adujo que era demasiada responsabilidad. Finalmente se hizo con sus servicios el Cádiz, un pequeño club de una ciudad del sur de España. Una ciudad donde el Mago dejo numerosas anécdotas y donde a día de hoy se le idolatra. No se puede entender al Mágico sin Cádiz y quizás no se pueda entender a Cádiz sin el Mágico.

En su primer año fue pieza clave para lograr el ascenso a la máxima categoría del futbol español. Y también empezó a dejar huella en la noche gaditana. Como dijo su compañero San José, al Mago le gustaba el ruido. Sus indisciplinas le acarrearon cuantiosas multas, y muchos partidos en el banquillo, lo que despertaba las iras del Ramón de Carranza. Al Mago la afición se le perdonaba todo. Llego a ser tal la desesperación de los dirigentes amarillos que asigno a un empleado la misión de ir a su casa a despertarlo por las mañanas para que asistiese a los entrenamientos. El propio Mágico hizo unas declaraciones que describían perfectamente su forma de ser:

“Reconozco que no soy un santo, que me gusta la noche y las ganas de juerga no me las quita ni mi madre. Sé que soy un irresponsable y un mal profesional, y puede que esté desaprovechando la oportunidad de mi vida. Lo sé, pero tengo una tontería en el coco: no me gusta tomarme el fútbol como un trabajo. Si lo hiciera no sería yo. Sólo juego por divertirme.

Pese a tener al Mágico en sus filas  el Cádiz vivió un nuevo descenso, lo que despertó el interés de numerosos clubes por el astro salvadoreño. Uno de ellos fue el Barcelona. Lo tuvo a prueba y encandilo al técnico César Luis Menotti. Sin embargo un incidente hizo que el club catalán se echase atrás en su contratación. Estando hospedados en un hotel salto la alarma de incendios y se desalojo inmediatamente el hotel. Salieron del hotel todos menos uno. El Mágico ni siquiera se inmuto. Cuando fueron a buscarlo se lo encontraron con una camarera en la cama. Así era el Mágico. Tan solo le gustaba una cosa tanto como el balón. Las mujeres.

Pasaría un año en el Valladolid donde pasaría sin pena ni gloria. No era su sitio, anhelaba su Caí del alma. El único sitio donde fue donde feliz. A pesar de pasar solo seis meses dejaría alguna anécdota. Cuenta su entrenador en el club vallisoletano que a pesar de su indisciplina era imposible enfadarse con él. Era tan genio dentro del campo como fuera. En una ocasión llevaba días sin ir a buscar la ficha mensual. Este lo aviso de que fuese a buscar el dinero. La respuesta del mago salvadoreño lo dejo perplejo: “Mister, el dinero, ¿qué es el dinero?.

Al año siguiente volvería al Cádiz, donde dejaría los mejores años de su vida futbolística. Y tal vez pasaría los mejores años de su vida personal. Ya nadie lo movería de su segundo hogar. Su futbol enamoraba y llegaban numerosas ofertas a las oficinas del club. Una de ellas fue del Atalanta italiano, que le daba una importante suma de dinero. El dinero al Mágico no lo movía. El tan solo hizo una pregunta para fichar por el conjunto de Bérgamo. ¿Hay pescaíto frito en Italia?  Si no hay no me voy allí.

Todo el mundo en Cádiz tiene alguna anécdota sobre Jorge. Todo el mundo le invito a tomar una copa o tuvo una charla con él y su buen amigo Camarón de la Isla. Pero sin duda alguna uno de los que más puede contar fue David Vidal, ya que compartió vestuario con el salvadoreño durante nueve años. Dan para escribir un libro.

Cuenta el entrenador gallego, que en más de una ocasión lo dejo fuera de la convocatoria. De treinta días entrenaba quince. De repente pasaba ocho días sin pasarse por los entrenamientos. Cuando le preguntaba porque no había aparecido simplemente decía que estaba muy ocupado.

En otra ocasión no fue a entrenar en toda la semana y Vidal no lo convoco. Lo espero tras el entrenamiento, saco una cajetilla de tabaco y le dio cincuenta toques sin dejarla caer. Al acabar le espeto “no tienes ni idea”.

En su vuelta al Cádiz, el presidente Irigoyen le dijo pídeme lo que quieras pero tendrás una penalización por cada entrenamiento que faltes. Otra vez el 10 tuvo otra contestación deliciosa: “Presi, entonces me va a costar dinero a mi jugar”.

Jorge no se ganó solo a la afición cadista por sus filigranas en el terreno de juego. Era un tipo querido por su forma de ser, por su naturalidad, generosidad y por ser un carácter bonachón. Siempre llevaba dinero en los bolsillos. Llegaba un crio y le daba quinientas pesetas. Cuando le decían que tenía que cuidar más el dinero él respondía que estuviesen tranquilos que ya tenía pensado su futuro después del fútbol: sería conductor de autobuses en su San Salvador natal.

Muchas días de lluvia llegaba sin abrigo y totalmente mojado a entrenar. Cuando le preguntaban por su abrigo contestaba que se lo diera a alguien que lo necesitaba más que él. Si era un genio como futbolista lo era aun más como persona.

Hay personas que sin querer encuentran su lugar en el mundo, y Jorge lo encontró en la Tacita de Plata. Fue, es y será siempre una leyenda en la pequeña ciudad gaditana. Los domingos por las tardes el Carranza sigue llenándose de banderas con su figura, y no hay un solo seguidor amarillo que no sueñe con volver a emocionarse con su culebrita macheteada.

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