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La edad dorada de la Sampdoria

En Italia, en la década de los 80, bajo el umbral del Calcio de la Juve y de la Roma con sus Platini, Conti, Falcao, Rossi y Antongoni, se alimentaban los sueños de grandeza de tres modestos, Nápoles, Hellas Verona y Sampdoria. Los primeros, guiados por la mayor individualidad de la década, y los otros dos, compañeros de fatiga en Serie B, forjaron la leyenda de aquellos que en cuestión de años, pasaron de la agonía a la gloria. Era un fútbol diferente, en el que los equipos modestos, disponían de oportunidades de ser grandes y vivir momentos de gloria en contraposición con lo que sucede en la actualidad.

Desde su fundación en 1946, la Sampdoria no ha sido un club acostumbrado a alzar títulos. En sus vitrinas solo podemos encontrar un Scudetto, cuatro Coppas de Italia, una Supercoppa italiana y una Recopa de Europa.

Todas estas conquistas se producen en La edad dorada de la Samp. Este periodo de vino y rosas comienza con la llegada a la presidencia en 1979 de Paolo Mantovani, quien, en quince años, llevó a la Sampdoria desde la Serie B a la élite del fútbol italiano y europeo.

La pasión del presidente Blucerchiati por la Sampdoria no aparece espontáneamente. El magnate romano, que había decidido vivir en Génova después de haber conocido la ciudad siendo niño, se acercó al fútbol genovés a través de los colores rossoblù; siendo abonado del Genoa durante dos temporadas. Sin embargo, algunas decisiones tomadas por la directiva del Grifone hicieron que Mantovani se decepcionara y decidiera dejar de seguir al Genoa.

La Samp, había vivido a la sombra del equipo que le daba nombre a la ciudad, el Genoa, quien presumía de ser el primer campeón italiano de la historia y donde se concentraban los poderes deportivos y sociales de la capital de la Liguria.

La historia de aquel modesto club genovés, va a dar un vuelco en el año 1979. Paolo Mantovani, compra el club en ese mismo año, y a partir de ese momento, todo serían buenas noticias para quienes en poco más de una década pasarían del infierno de la Serie B, al reinado del fútbol italiano. En el equipo del 79 destacan Claudio Garella, guardameta que  posteriormente ganaría Scudettos con Hellas Verona y Nápoles, y un central sólido y de buena planta llamado Marcello Lippi.

Los Sampdoriani acompañados por el Hellas Verona, regresarían en 1983 a una Serie A que recibía la visita de dos invitados que se convertirían en una piedra en el zapato de las grandes potencias del Calcio.

La idea de Mantovani en el regreso a Serie A era la de fichar dos extranjeros experimentados y de nivel para ilusionar a los tifosi blucerchiatiLiam Brady, medio creativo y elegante, procedente de la Juve, con quien había ganado dos Scudettos consecutivos y Trevor Francis quien había sido héroe del Nottingham Forest, bicampeón de Europa, eran los elegidos para liderar el regreso genovés a Serie A. Junto a ellos, llegó un joven de apenas diecisiete años, llamado Roberto Mancini, procedente del Bolonia y que debía aportar gol y frescura al ataque.

Los éxitos, comenzaban a sobrevolar Marassi y en 1985, llegaría el primer título de la historia del club. Mannini, Salsano, y el atacante de la selección sub 21 italiana, Gianluca Vialli fueron alta esa temporada. Sin embargo, el nombre estrella de los llegados en la campaña 84-85 a Génova, era el de Souness. El escocés, procedía del Liverpool, con quien, como capitán, había ganado la Copa de Europa meses antes en Roma. Todos estos futbolistas, aumentaban considerablemente el nivel de una plantilla, cada vez más cerca de los grandes. El mismo año que el Hellas Verona, se proclamaba campeón del Scudetto, la Sampdoria compañera de sufrimientos en Serie B y alegrías de ascenso a Serie A, lo hacía de la Coppa de Italia ante el Milan.

Los jóvenes Vialli y Mancini, o lo que es lo mismo, gol más imaginación, comenzaban a escribir su leyenda blucerchiata y otorgaban el primer título de la historia al club genovés. Mantovani llegó en 1979 con el objetivo de salvar el club y devolverlo a la élite, los primeros años en Serie A, no podían ser mejores, asentados cómodamente en la parte media alta de la clasificación y campeones de Coppa de Italia, pero cuando llegó, lo hizo con el objetivo de hacer al club un grande de Italia y 1986, sería el año que marcaría definitivamente el paso de un equipo competitivo a ganador.

vialli-mancini Sampdoria

Para dar el salto contrató a Vujadin Boskov, un entrenador metódico, exigente, amante del trabajo y el fútbol contragolpeador, con amplia experiencia en grandes equipos como el Real Madrid, al que hizo campeón de Liga y subcampeón de Europa con el famoso equipo de los García. Llega a la Samp, procedente del Ascoli, al que había ascendido a Serie A. Sobre la figura del serbio, se diseñará el futuro campeón de Italia. En la gran estrategia de fichajes que seguía el conjunto genovés suma a sus filas en ese verano a Hans Briegel,  todoterreno alemán, y Toninho Cerezo, un veterano organizador brasileño “fuori clase” procedente de la Roma los que acompañan a Boskov en su nueva aventura. También llega procedente del Bolonia, un joven portero llamado Gianluca Pagliuca.

La Sampdoria se convierte definitivamente en competidor de Milan, Nápoles, Juventus e Inter. En un Calcio, convertido en una pasarela de los mejores futbolistas del mundo, donde las figuras de los grandes clubs son extranjeras, Maradona y Careca en Nápoles o Gullit y Van Basten en Milán, la Sampdoria se convierte en una excepción y las suyas son dos italianos, Vialli y Mancini. Son los nuevos gemelos del gol, jóvenes que se complementan a las mil maravillas, capaces de jugar con los ojos vendados, Mancini aporta imaginación, último pase y habilidad, y Vialli, el atacante italiano de moda, es sinónimo de gol, remate, velocidad y potencia.

De nuevo otro título, la Coppa de Italia del 88, en este caso contra el Torino confirman a un equipo listo para alcanzar nuevas cotas.

Briegel Cerezo Boskov Sampdoria

No tarda en llegar, y la Sampdoria, alcanza en 1989 su primera final europea de la historia, la Recopa de Europa. Briegel, ha dejado su puesto en el equipo a un bregador mediocampista procedente del Barcelona llamado Víctor Muñoz y junto a el llega Beppe Dossena, un interior izquierdo que debe sumar su calidad a la de Toninho Cerezo compaginados por el trabajo de Pari y Salsano en el mediocampo genovés.

Para llegar a la final, han quedado por el camino equipos como el Dinamo de Bucarest y el Malinas en semifinales. Un Malinas, actual campeón de la Recopa de Europa, con varios futbolistas holandeses como Erwin Koeman y Jhonny Bosman, además del israelí Eli Ohana, Trofeo Bravo en 1988 y el espléndido guardameta belga Michel Preud’Homme. El estadio Wankdorf de Berna, es testigo de la final contra un F.C. Barcelona que acoge el primer año de Cruyff como entrenador y que tiene a la masa social revolucionada con su arriesgado 3-4-3. El equipo blaugrana con su columna vertebral, Zubizarreta, Alexanco, Milla, Amor, Lineker y el discutido Julio Salinas, vence por 2-0 y pospone la gloria del equipo italiano.

Aquella final, lejos de provocar una decepción, debe servir de base y experiencia. Srecko Katanec, uno de los mejores medios defensivos de Europa, y Attilio Lombardo, completan definitivamente un equipo que en la temporada 1989-1990 se alzará, ahora sí con la Recopa de Europa. A ella ha llegado, gracias a su nueva victoria en la Coppa de Italia de la temporada 1988-1989, donde con Vialli y Mancini a la cabeza, arrasaron al Nápoles de Maradona. Y es que desde la llegada de Boskov, no hay año en el cual la Sampdoria no gane un título. El rival en el Ullevi de Goteborg, sería el Anderlecht, aunque esta vez, la Sampdoria, clara favorita, no iba a fallar.

El partido, no tuvo más historia que un ataque constante de la Sampdoria sobre la portería belga. Mancini, Vierchowod e Invernizzi, pudieron dejar resuelto un encuentro que entre las grandes actuaciones de De Wilde y la falta de puntería, llegaba peligrosamente a la prórroga. Allí, acabó la resistencia del Anderlecht. Lombardo que había entrado en la segunda parte, se convirtió en un martillo por la derecha, y Vialli, rematando de cabeza un buen servicio de su pareja Mancini, colocaba el definitivo 2-0 que daba el primer título continental de la historia sampdoriani.

 

Sin embargo, lo mejor aún estaba por llegar. Solidez, trabajo, contragolpe y definición, eran las palabras claves de la Sampdoria que se aupó como campeona del Scudetto 91. Pagliuca bajo los palos, asentado definitivamente como el futuro sucesor de Zenga en la Azzurra, aportaba seguridad y reflejos. Mannini y Vierchowod, como marcadores, destacaban por su seguridad y contundencia. Cerezo, sobresalía por su elegancia y temple en un mediocampo trabajador, y arriba los dos estandartes del club, Mancini y Vialli, la dupla del gol, imaginación del primero y remate del segundo, que se convirtió en la estrella de aquella Serie A, finalizando como máximo goleador.

La Samp y el logro del Scudetto 1990-1991 significó el final de la era Sacchi en Milán y el adiós de Maradona a Italia tras su positivo por cocaína.

Boskov, había hecho un equipo a su imagen y semejanza con futbolistas que llevaban varios años jugando juntos, que habían llegado de clubes modestos como Varese, Como y Cremonese y que habían vivido el crecimiento de un equipo pequeño a grande. A su lado, extranjeros como Cerezo, desechados por sus antiguos equipos y agradecidos por la oportunidad dada, habían formado una familia que moría y mataba por la camiseta.

Para aquella Sampdoria, el triunfo en el campeonato, radicó en las victorias en Milán, sobre sus dos principales adversarios, Milán e Inter. La primera de ellas, frente al equipo rossonero en los primeros compases de la Serie A, significó el ascenso a la primera posición, y la segunda, frente a los neroazzurri, a falta de tres partidos, la sentencia casi definitiva. Frente al Inter de TrappattoniZenga, Bergomi, Brehme, Mathauss Klinsmaan, se reflejaron  las grandes virtudes de una Sampdoria que agazapada atrás, hizo de la recuperación y el contragolpe los factores que, gracias a los goles de Dossena y Vialli, dejaban el definitivo 0-2 que casi certificaba el campeonato. Tras ese triunfo y la derrota del Milan en Bari, todo estaba listo en un Luigi Ferraris lleno hasta la bandera para que la Samp, obtuviera el primer Scudetto de su historia ante el modesto Lecce.

 

El 3-0 en media hora, con goles de Cerezo, Mannini y Vialli daba el título a la Sampdoria y significaba la culminación de un proyecto que nueve años antes, estaba en Serie B.

El ciclo de Boskov en la Sampdoria, concluyó a lo grande, llevando al club a la cúspide europea y disputando la final de la Copa de Europa un año más tarde frente al F.C. Barcelona. El equipo italiano venció en la ronda previa al campeón vigente, el Estrella Roja, venciéndole en los dos partidos pero en la final sucumbió de nuevo ante el equipo blaugrana como había sucedido en la final de la Recopa. Un gol de Ronald Koeman en la prórroga acabó con el sueño. Aquel partido, supuso el final de Boskov que se marchó a la Roma y la estrella Vialli que lo hizo a la Juventus.

Aún así el sueño que tuvo el presidente Mantovani fue cumplido de sobras. Un club que penaba sin pena ni gloria por la serie B se convirtió en uno de los clubes más potentes del Calcio y del fútbol europeo. Aunque fuera por poco tiempo, el patito feo se convirtió en cisne.

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